Doctora especialista en nutrición, cosa que no significa, ni mucho menos, que esta barcelonesa no sepa disfrutar de los placeres gastronómicos. Y le encanta compartir sus experiencias y conocimientos con los lectores de Playboy.
Por: Magda Carlas
Por estas fechas cientos, miles de personas hombres y mujeres se lanzarán a la guerra más encarnizada y dura del año, a la guerra del peso. Quizá la batalla por el peso perfecto ya haya empezado hace meses con la más pensada de las estrategias, quizá exista una guerra fría todo el año o sea una simple improvisación de última hora. La cuestión es que este tema como ningún otro nos hace gastar esfuerzo, tiempo y dinero. Algunas veces para conseguir una total victoria y otra, la mayoría, para reducir poco nuestro contorno y mucho nuestra energía sin llegar a tener el cuerpo que desearíamos. Y lo que es más triste, la mayoría de veces se empieza la contienda sin que haya realmente un enemigo. A menudo nos castigamos con las dietas más duras y los ejercicios más insoportables a pesar de tener un cuerpo sano y muy aceptable.
En fin, quizá ya es hora que demos una tregua a este tema y que empecemos a vivir tranquilamente con nuestro cuerpo. Al fin y al cabo lo que importa es que tengamos un peso dentro de la normalidad, que nuestros depósitos de grasas sean coherentes a nuestra altura y constitución y que estemos más o menos en forma. Que quizá no somos un ejemplo de perfección? Es muy posible, pero eso nunca ha sido un problema. El problema lo creamos nosotros.
Lo importante es sentirse sexy, no lo quilos que marque la báscula.
Además, aceptémoslo: el cuerpo, con la edad, va cambiando. Por más que nos machaquemos con dietas la forma corporal va sufriendo ligeras variaciones.No es lo mismo tener 20 años que 30 o 40.Lo mismo pasa con el aspecto de la piel o la capacidad para aguantar noches largas. Y en el fondo, ¿que más da? La verdad es que seguiremos viendo como hay quien seduce y gusta sin problema con un cuerpo sumamente imperfecto y quien no lo consigue a pesar de tener una perfección de cuerpo.
Quizá ya es hora de que no nos exijamos tanto y de que nos permitamos, al menos, un michelín. Un michelín como ejemplo de rebeldía a tanta perfección obligada y dieta bajo control. Guardémoslo con cariño porque en el fondo, la imperfección nos humaniza, nos hace terrenales y, seguramente, mucho más interesantes.
Al final, resulta que la verdadera sensualidad no reside en el cuerpo escultural que es de admiración obligada sino en el que admiramos instintivamente sin ser ninguna escultura.En el fondo, cuando nos permitirnos algún michelín es que estamos seguros de nuestro encanto.
668 comentarios 10/06/2008 16:15
Por: Magda Carlas
Confesemos que hay pocas cosas tan agobiantes como buscar un restaurante adecuado para una primera cita... Qué tipo de cocina, qué clase de menú, en qué zona de la ciudad, de qué precio, claro....Todo un trabajo de investigación obligado que no siempre se reflejará en los resultados.
La verdad es que no hay que sufrir tanto porque el éxito del primer encuentro con gastronomía de por medio tendrá poco que ver con lo que haya en el plato. A pesar de que promueven mucha literatura, los tan ansiados alimentos afrodisíacos no existen. Ni las ostras, ni la menta, ni el caviar cambiarán mucho el transcurrir de los hechos. Quizá el caviar sí, pero no por afrodisíaco sino por caro...

Ostras listas para comer.
Exactamente igual que el champagne francés de calidad o la langosta. Seamos francos, no es el sabor, ni la textura y ni tan solo la vistosidad de los platos lo que influye realmente. Sí puede hacer mucho, en cambio, la música del lugar, el tipo de mobiliario, la proximidad en la mesa, la iluminación o, incluso, el tipo de servicio. Tanto da si el menú es una simple ensalada o el foie más refinado. Al final será quien lo toma y, sobretodo, como y donde lo toma lo que realmente removerá nuestras hormonas y, quizá, incluso nuestras neuronas.
El entorno es muy importante.
Por tanto, no hay que agobiarse con el menú pero sí con el entorno. Un sándwich puede hacer maravillas si el lugar tiene una música que nos pone, una luz benévola con nuestro físico y una tranquilidad que nos deja intimar sin interferencias. Las mejores ostras pueden ser nefastas si tenemos un ejercito de camareros agobiantes, si los vecinos de mesa se exceden en decibelios o si la iluminación es de comedor escolar.
Por otro lado, sí que hay algunos ingredientes del menú que pueden echar tierra a nuestro mejor plan. Uno de ellos por supuesto es el exceso de alcohol. Tema nefasto donde los haya porqué nos dejará fuera de combate para todos los combates posibles e imaginables.
Otro punto a tener en cuenta, aunque quizá pueda parecer estúpido, son los platos que pueden teñir de color nuestros dientes. Nada peor para una primera cita que una amplia sonrisa ennegrecida aunque sea a causa del mejor arroz negro. Por no hablar de los platos excesivamente aromáticos. No es nada atractivo hablar a alguien que emane efluvios de ajo, da igual que sea cardiosaludable; o de mandarina, a pesar de todas sus vitaminas. Los sabores son para disfrutar no para ambientar la noche.
Otro temita son las salsas y los platos difíciles: no nos empeñemos en lidiar con el bogavante del arroz caldoso si ello significa mancharnos nuestra preciosa camisa de seda o todavía peor, la de él o la de ella.
Y un último consejo: no cenar demasiado. Una digestión complicada hará que lo mejor de nuestra circulación vaya a nuestro estómago y no a zonas mucho más interesantes.
668 comentarios 21/05/2008 18:47
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