Periodista adicta a todo tipo de tecnologías, en Pantallismo reflexiona sobre difentes aspectos de la cultura popular en Internet, televisión y, en general, sobre cualquiar aparato que se enchufe y parpadee.
Por: Cristina Díaz
Hace años que ver a 10 pisahormigas haciendo el tonto todo el día ya no es suficiente para sustentar un reality show. El género, que está a punto de cumplir su primera década de vida, ha evolucionado hacia todo tipo de variantes donde se somete a los concursantes a todo tipo de vejaciones públicas con la excusa de tener que aprender algo o cumplir determinado objetivo. Los realities donde la gente canta, baila o hace malabares son ejemplos de esta variante contemporánea del género que se resiste a abandonar las pantallas de medio mundo. Esos son ejemplos patrios pero al otro lado del Atlántico se han ensayado (con éxito) nuevas posibilidades en lo que a humillación televisada de seres humanos se refiere. Y es que en Estados Unidos los realities de "antes y después" (como el fallido "Cambio radical" que intentó Antena 3) no dejan sino de aumentar.
Los programas de telerrealidad parecen apelar a las necesidades y virtudes más deseadas de los espectadores que, olvidándose de su pudor y de que, en fin, tienen familia y amigos, se embarcan en aventuras televisadas por la fama, el dinero y, más recientemente, por estar delgados. Sí, en el país de la obesidad, perder quilos parece ser el objetivo último de la población estadounidense y, en consecuencia, los reality shows donde se retransmiten dietas draconianas y maratones aeróbicas han proliferado en la televisión USA, tanto que hasta el New York Times le dedicó un extenso artículo a semejantes esperpentos.
Dos pizpiretas aspirantes a un programa de pérdida de peso esperan su turno para el casting.
Títulos presuntamente divertidos como "The biggest loser", "Big Medecine", "Bulging Brides" o, el inquietante, "Honey, we're killing the kids" pueblan las parrillas de un país que, de acuerdo con el artículo, está obsesionado con el peso y, lejos de admirar a los "naturalmente delgados", se pirra por los que fueron gordos y, mediante un esfuerzo inhumano, llegan a ser esbeltos. Y es que la épica del hombre hecho a sí mismo y la redención casi mística también se aplica en cuestiones de masa corporal. De ahí que la no tan oronda Oprah sea algo así como una figura (chiste inevitable) nacional. Algo inimaginable en nuestro país, incluso en la carrera de las primarias pesos, medidas y dietas han salido a relucir en los discursos. Así, uno de los primeros candidatos republicanos en las primarias, Mike Huckabee, enarbolaba su pérdida de peso y su transformación de obeso. En el bando demócrata, tanto Hillary como Obama apelaron a las visitas a Weight Watchers y la dieta baja en carbohidratos para seducir a los votantes. Vaya, y nosotros pensando que el problema de Estados Unidos era la que está cayendo en los mercados financieros.
Naturalmente, ver a un señor comiendo verdura al vapor y perdiendo 5 o 6 quilos no puede recibir el nombre de espectáculo televisivo, de ahí a que estos programas tiendan al exceso, a las pérdidas de peso asombrosas y drásticas, pero también a la humillación y las lágrimas, todo ello protagonizado por señoras obesas embutidas en prendas de lycra en tallas infantiles. Utilizando formatos y tecnologías sobradamente conocidos por el espectador, estos programas tiran de confesionario, donde los concursantes narran excesos fuera de escala humana y las cámaras de visión nocturna se usan aquí para ver correteos a la nevera a altas horas de la madrugada, todo ello para ofrecer un ambivalente mensaje de esperanza pero también de chanza a costa del "mal de muchos" a una de las naciones más obesas del mundo. Esperemos que el modelo no cruce el charco.
Opina 15/09/2008 18:07
Por: Cristina Díaz En: Televisión
Unos números atrás, ya hablamos en la sección de TV de la revista de cómo el canal FOX había soltado varios millones para contar entre sus filas con "autores" televisivos de culto. La cadena que alterna en su programación los polos ideológicos más extremos (informativos de corte fascistoide con series altamente corrosivas), ha reservado el mid season, el parón que sigue a las vacaciones de Navidad a Joss Whedon ("Buff", "Angel" y similares). Aunque el estreno más destacado de la parrilla (como lo hicimos nosotros en nuestras páginas) es la nueva producción del artífice de "Lost", J.J. Abrams, una serie llamada "Fringe".
A estas alturas del campeonato no habrá ni explicar quién repanochas es Abrams (o "yei yei", como le llamamos en mi pandilla), pero por si acaso, cabe decir que el creador de "Lost" se ha convertido en poco menos que deseado Rey Midas de la pequeña pantalla al descubrir la fórmula que la ficción seriada debe tener para las nuevas generaciones (a saber, complementar el universo televisivo con juegos de pistas online o miniepisodios para la red o para móviles que crean una "experiencia" más allá del televisor).
Todo esto lo anunciamos en la revista cuando la Fox hizo pública el fichaje para "Fringe ", que se anunciaba con una versión siglo XXI del "Expediente X" de nuestra juventud. Este verano (cuando nuestra querida revista se estaba imprimiendo), "casualmente" se filtró una versión del piloto a la red y millones de seguidores de la pandilla del doctor Jack Shepherd nos lanzamos como locos a bajarnos lo que venía a ser la nueva master piece del genio de la isla. No sé vosotros, queridos lectores, pero una anda algo decepcionada y ha recordado que entre otras obras de este hombre esta, ay, "Felicity", uno de los mayores muermos de la televisión de los 90.
Haré un somero repaso de las impresiones que me causó el piloto intentando evitar spoilers (¡precaución! ¡alguno sí que se me ha escapado!) La cosa es así, una agente del FBI necesitará a un científico loco (literalmente, lo sacan de un manicomio para colaborar en la investigación) y su cínico hijo para resolver un extraño caso que no tiene explicación lógica. El combo funciona a la perfección y, al final del episodio, el jefe del departamento los fichará para resolver ese tipo de enigmas.
Lo dicho, primera impresiones de un piloto que, por cierto, no sabemos si es definitivo. En mi opinión es excesivamente largo y, como siempre que intervienen experimentos científicos, las explicaciones son farragosas y pesadas (para unos ensayos que, a todas luces, tienen de científico lo que las apariciones marianas). Mientras en "Lost" lo "no explicable" se acotaba espacio-temporalmente (es la isla y sus peculiares características físicas lo que causa todos los fenómenos extraños), en esta nueva serie, como sucedía en los tiempos de Mulder y Scully, parece que nos crucemos a diario con este tipo de actividad paranormal que, cómo no, se ajustan a la actualidad e incluyen la amenaza terrorista en el menú de peligros.
Eso sí, Abrams no pincha en lo visual e introduce innovaciones que, como pasó con "Perdidos" seguramente se acabarán instaurando en el resto de ficciones. Si en la anterior tiraba de flash backs, en este caso narrativamente es menos innovador pero sí ofrece alguna solución visual de quitarse el sombrero, como la introducción del 3D en los títulos. Leído de esta forma no parece gran cosa, pero hay que verlo. En lugar de situar la acción con un textito a pie de pantalla (aquel "FBI Headquarters" que servía de epígrafe para Mulder y demás) esta vez esta información se convierte en un recurso visual que se introduce en la acción. Aquí podéis ver un ejemplo de ese recurso en el trailer (aunque menos "incrustado" en la acción, en el capítulo ¡los personajes pasan entre las letras o la cámara enfoca a través de ellas):
Esta pijada (sí, llamemos a las cosas por su nombre) fue lo único que me hizo saltar de la silla y recordar el genio de Abrams. El resto me pareció que responde a esa peligrosa mezcla entre ciencia y magia que parece impregnar el discurso actual. Por otra parte, la irrupción de todos estos fenómenos es menos sutil, por no decir que entran como una apisonadora, Mientras en Lost sólo veíamos "el humo negro" y bastante de lejos, la verdad, en el piloto, aquí echan mano de la artillería pesada de esta ciencia de la señorita Pepis y los fenómenos extraños, poniendo un punto de partida harto naïf al que a mí, personalmente, me costó bastante entrar.
Se agradecerían opiniones, divergentes o no, en el desierto foro de los comentarios de este blog.Visite nuestro bar, gracias.
Actualización: Leo ahora en Público que "Fringe" llega hoy, 9 de septiembre a la FOX y que Abrams ya ha colado uno de sus jueguecitos online en la web oficial de la serie. El nuevo "universo fringe" ya está en marcha. En España, podrá verse a partir del 13 de septiembre en Digital+ (eso sí, en pay per view, a un eurito de nada) en ¡versión original subtitulada! La tv patria parece que empieza a escuchar al telespectador. Estamos de enhorabuena.
Opina 08/09/2008 12:29
Por: Cristina Díaz En: Publicidad
Es un hecho: la publicidad tradicional hace mucho que ha dejado de funcionar. Los consumidores le dedican cada vez menos tiempo a la televisión, las nuevas generaciones han crecido recibiendo el impacto de, ejem, la comunicación persuasiva y, en consecuencia, no se dejan engañar tan fácilmente. Estos y otros muchos factores hacen que los creativos de medio mundo se devanen los sesos pensando como seducir al esquivo espectador.
Y la solución, desde hace un par de años, parece estar en el engaño. Es decir, hacer anuncios que no lo parezcan (los archifamosos vídeos virales) o, lo que hoy nos ocupa, introducir productos subrepticiamente en todo tipo de mensajes que, a priori, no son publicidad. Como a estas alturas todo el mundo sabe, a esa práctica se le llama product placement y ha alcanzado cotas insospechadas de malicia en las últimas semanas.
Borrascas patrocinadas
Hace unos meses Antena 3 probó una nueva fórmula para patrocinar su información metereológica. El jurásico "Repsol le ofrece... El Tiempo" se sustituyó por una (fallida, a dios gracias) fórmula híbrida que introducía el producto anunciado en el ADN mismo de la información, de la mano del presentador, que deslizaba sin ningún tipo de sutileza los beneficios del bien o servicio que firmaba los cheques. Pondré un ejemplo, basado en hechos reales. El "hombre del tiempo" de turno hablaba de por ejemplo, el descenso de l mercurio en el noroeste peninsular y, tras esto, sin que le temblara la voz decía algo así como "e igual de frescas que estas temperaturas puede estar su pelo con el champú anticaspa de XXX". Y sin más, proseguía con el estado del mar o la previsión de precipitaciones. La idea, obviamente, no triunfó. Suponemos que alguna mente pensante (o quizá por la acción de una asociación de espectadores) se dio cuenta que el formato era sumamente agresivo y que la información, aunque sea sobre marejadas y marejadillas, es sagrada y no puede mezclarse con reclamos publicitarios. Este principio aparentemente inquebrantable se respeta cada vez menos. Las compañías se han dado cuenta que no hay publicidad más económica que la que sale gratis y el peso de las relaciones públicas es cada vez mayor. Esa es la versión sofisticada de este fenómeno, claro. Luego están los noticiarios que, como el tiempo del canal español, no se cortan introduciendo productos aquí y allí.
¿Quién puso esto aquí?
Esta semana leíamos sobre el caso de varios informativos locales a lo largo y ancho de Estados Unidos cuyos presentadores, quizá sofocados por el calor, aparecieron en un segmento de su programa con unos sospechosos iced coffees sobre sus mesas. Con esta informal escena se encontraron los espectadores de la filial de FOX en Las Vegas en su informativo nocturno y, por si había dudas, los cafés ostentaban visiblemente una marca (McDonald's, como parte de su estrategia de comerse con patatas a Starbucks). Los cafés aparecieron por arte de magia cuando el programa pasó al segmento, digamos, amable de las noticias y los vasitos permanecieron allí sin que (menos mal) nadie los mencionara. Por cierto, que más tarde hemos sabido que los cafés no eran reales (el hielo no hubiera aguantado tanto tiempo en el calor sofocante de un plató) sino una suerte de modelos de plástico. Naturalmente, la audiencia y los medios USA se han echado las manos a la cabeza ante semejante descaro publicitario y las críticas no han tardado en llegar. El canal se defiende diciendo que al tratarse de la sección de noticias de sociedad y frivolidades, la cosa es menos seria de lo que se les achaca. En cualquier caso, se ha abierto la veda.
Canciones pegajosas como chicles
Parece que el periodo estival (y la relajación de costumbres que conlleva) se ha convertido en la estación ideal para este tipo de experimentos. Cuando no habíamos superado el shock de ver los frappuccinos intercalados con la actualidad de la crisis hipotecaria, otra noticia de publicidad sibilina llega a mi Bloglines (sí, sigo fiel al viejo bloglines, no me vengan con moderneces). Al parecer, al otro lado del charco y desde hace unas semanas, un tal Chris Brown está partiendo la pana cono una canción llamada "Forever" que se ha llegado al número 3 del Billboard. Que una blanda cancioncilla de R&B se coloque en los primeros puestos de las listas de éxitos no sería noticia sino fuera porque el tema forma parte de una complicada y perversa estrategia de marketing desarrollada por la agencia Translation Advertising para (¡sorpresa!) la marca de chicles Wrigley's. La agencia ha contratado a tres artistas para crear canciones que incluyan en nombre de la goma de mascar y lanzarlas al mercado musical sin mencionar el origen del cheque que las ha hecho posible. La táctica iba directa al subconsciete y nadie se ha percatado de la operación "chicle". Al parecer, el estribillo incluye una referencia al viejo eslogan de la marca ("Double your pleasure/double your fun") y era una suerte de avance de los espots que se lanzarán en unos meses. Aunque la campaña se puso en marcha en abril, el hecho de que fuera publicidad encubierta se descubrió la pasada semana.
Opina 30/07/2008 12:59
Por: Cristina Díaz En: Arte, Internet
Ubermorgen.com es un colectivo artístico que lleva varios años lanzando piezas en torno a las grandes corporaciones que intentan controlar el comercio en la red. Desde 2005 han lanzado dardos contra el gigante Google , la librería online Amazon y, ahora, es el turno de eBay . La crítica llega con fondo musical y forma de porno lo tech.
Hace tres años un proyecto titulado Google will eat itself proponía utilizar el dinero obtenido con los anuncios de Google para comprar acciones de la compañía, en un proceso autodigestivo y financiero que, pretendía, aniquilar los tentáculos del poderoso buscador. Más tarde, y a la manera de una trama del cine negro, permitieron durante un día bajarse los libros de Amazon, gracias a la posibilidad que ofrece la empresa de "Search inside", de buscar en el interior de los volúmenes. El proyecto se llamó Amazon Noir y se llevó a cabo el año pasado. Ahora se cierra esta trilogía sobre los jefes de la red de la mano de la web de subastas eBay.
El proyecto The Sound of eBay se basa en las transacciones tentre compradores y vendedores, transformando la información de cada usuario en una canción única. Si alguna vez has comprado o vendido algo ese sitio, dejamos un rastro de nuestra actividad, comentarios sobre otros usuarios, ítems vendidos o comprados, precios o puntuaciones. Toda esa información se transforma en una musiquilla única servida directamente en tu mail, tan sólo introduciendo tu nombre de usuario y tu correo electrónico. La pretensión de este proyecto es poner de manifiesto la circulación de datos privados cedidos voluntariamente a cambio de un servicio (y también mucho dinero) que tiene lugar en estos macronegocios online.
Al tratarse de un proyecto eminentemente sonoro, la resolución visual se presenta más como un proyecto paralelo, a la vez, investiga sobre la economía de negocios subterráneos, eso sí, de años antes de la popularización de la red. En este caso, los autores bucearon en el asombroso mundo del porno ¡en el teletexto! Sugerentes figuras pixeladas que ahora nos parecen de lo más naïf.
Opina 24/07/2008 10:38
Por: Cristina Díaz En: Televisión
Provocador nato, padre de la noción del diseño de autor contemporáneo y, probablemente, una de las personas que más pasta a hecho dibujando sillas, el creativo francés Philippe Starck realizó recientemente unas polémicas declaraciones donde aseguraba que abandonaba el diseño. La disciplina está "vacía de cualquier utilidad", según el francés que en una entrevista posterior a esta declaración aseguró que habían profesiones mucho más útiles, como "astrónomo, biologista o algo por el estilo", mientras que el diseño "no es nada".
El diseñador francés Philippe Starck, con unos años menos, dejándose querer.
La noticia cayó como una bomba en un sector que parece polarizado entre extremos, entre las piezas de autor que imitan los mecanismos del arte, el acceso total de la clase media y las nuevas voces que claman por objetos más racionales y sostenibles (carro al que parecía querer subirse Starck). Tras ello, las noticias que se han ido filtrando sobre su trabajo tenía un descarado barniz verde, como una suerte de turbina portátil para que las familias puedan abastecerse de electricidad mediante energía eólica.
La transformación de genio impertinente en mesías de lo sostenible y azote de la frivolidad parecía inminente. Hasta ayer. En aquella soleada mañana de julio pudimos ver un nuevo caso de "donde dije digo..." protagonizado por el (ya no tan) enfant terrible del diseño galo. Ayer la BBC publicaba otra bomba informativa que demuestra que las buenas intenciones del creativo para transformar el sector han quedado en agua de borrajas. Al parecer, el insigne diseñador participará en un reality show del canal británico donde se pretende descubrir a la nueva generación de diseñadores británicos. El título que se está barajando en estos momentos para semejante engendro es "La escuelta de diseño de Philippe Starck" (sic). Con una dinámica de sobras conocida por todos, el programa empezará con 25 aspirantes a diseñador, que se irán eliminando progresivamente hasta que queden una decena de afortunados que ganarán un curso en París. Obviamente, estos concursantes no cantarán ni bailarán, sino que tendrán que demostrar que pueden desarrollar productos y proyectos de diseño reales.
El programa es un nuevo paso en la progresiva banalización de las profesiones creativas y la educación en general. Ésta es una disciplina seria y exige, más allá de un presunto "talento innato", conocimientos técnicos algo más complejo que decidir si la botella es roja o si la silla será de metacrilato o no. A pesar de ello, la BBC ha hecho un llamamiento donde anima a participar a "cualquiera que sienta que tiene talento para el diseño, tenga o no educación reglada al respecto". Starck mete más leña al fuego de la frivolidad de la profesión, declarando "la creatividad es accesible, no hay que ser un genio para ser creativo".
Donde dije digo... Starck criticó hace apenas tres meses la vanalidad que reinaba en la profesión y ahora se descuelga, suponemos que tras cobrar un sustancioso cheque (a costa del contribuyente británico, por cierto) viniendo a decir que, como cantar en Eurovisión o aprender a bailar el tango, diseñar es cuestión de pasar unas semanas en una academia de pega.
Opina 10/07/2008 09:40
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